La igualdad entre mujeres y hombres suele abordarse desde una perspectiva social, laboral o de derechos. Sin embargo, las desigualdades de género también tienen una importante dimensión económica. La pérdida de talento, las diferencias en el acceso al empleo, la menor presencia femenina en determinados sectores o la desigual distribución de las responsabilidades de cuidado tienen consecuencias directas sobre la productividad y el crecimiento.
El último índice elaborado por ClosinGap en colaboración con PwC pone cifras a esta realidad. Según sus conclusiones, la brecha de género que todavía existe en España tiene un coste de oportunidad superior a 271.000 millones de euros, una cantidad equivalente al 17 % del PIB de 2024. El índice sitúa el nivel de paridad en España en el 65,9 %, lo que significa que todavía queda un 34,1 % de brecha por cerrar.
La desigualdad de género también tiene un coste económico
Estos datos muestran que avanzar hacia la igualdad no es únicamente una cuestión de justicia social. También supone aprovechar mejor los recursos disponibles, incrementar la participación laboral y evitar que una parte del talento quede infrautilizada.
El índice analiza la evolución de la igualdad a través de cinco grandes ámbitos: empleo, educación, conciliación, digitalización y salud y bienestar. Aunque algunos indicadores han mejorado, otros continúan mostrando importantes diferencias entre mujeres y hombres.
En materia de empleo, por ejemplo, se ha producido una evolución positiva. El indicador correspondiente ha aumentado 1,8 puntos, impulsado especialmente por el crecimiento del liderazgo femenino en la Administración General del Estado. Sin embargo, la brecha todavía persiste en otros ámbitos relacionados con el acceso a determinadas profesiones, las condiciones laborales, la jornada y la retribución.
La conciliación, uno de los principales obstáculos
Uno de los aspectos que más condicionan la igualdad es la distribución de las responsabilidades familiares y domésticas. Según los datos recogidos por ClosinGap, las mujeres dedican de media 3,2 horas diarias más que los hombres a tareas relacionadas con los cuidados y el hogar.
Esta diferencia tiene consecuencias que van más allá del ámbito privado. Una mayor dedicación al trabajo no remunerado puede limitar las posibilidades de desarrollar una carrera profesional, acceder a puestos de responsabilidad o mantener jornadas laborales completas.
El informe de ClosinGap sobre conciliación cifra en 95.581 millones de euros anuales el coste de oportunidad asociado a esta brecha, equivalente al 6,4 % del PIB de 2023. El estudio calcula además que las mujeres en edad de trabajar realizan cada día 41 millones de horas más de trabajo no remunerado relacionado con el hogar y los cuidados.
Por tanto, mejorar la corresponsabilidad y facilitar una conciliación efectiva no solo favorece a las personas trabajadoras. También permite que las empresas aprovechen mejor el talento disponible y reduzcan las limitaciones que pueden afectar a las trayectorias profesionales.
El papel de las empresas en el cierre de las brechas
Las empresas tienen una posición especialmente relevante para transformar estas desigualdades en medidas concretas. Las políticas de selección, promoción interna, formación, retribución, conciliación y prevención del acoso pueden contribuir a crear entornos laborales en los que mujeres y hombres tengan realmente las mismas oportunidades.
En este contexto, el Plan de Igualdad constituye una herramienta para analizar la situación de una organización, identificar posibles desequilibrios y establecer medidas destinadas a corregirlos. No debería entenderse únicamente como un requisito normativo, sino como un instrumento de gestión que permite detectar problemas y establecer objetivos evaluables.
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Igualdad, talento y competitividad empresarial
La relación entre igualdad y economía también se observa en ámbitos como la digitalización y las profesiones STEM. La menor presencia de mujeres en determinadas áreas tecnológicas implica que una parte importante del talento potencial no esté suficientemente representada en sectores estratégicos para el futuro económico.
El propio análisis de ClosinGap señala que cerrar la brecha de género en las profesiones digitales puede generar un impacto económico significativo. La igualdad de oportunidades en el acceso a la formación y al empleo tecnológico, por tanto, también debe considerarse una cuestión de competitividad.
Algo similar ocurre con el liderazgo. Facilitar el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad permite ampliar la diversidad de perfiles presentes en la toma de decisiones y evitar que determinados obstáculos estructurales condicionen las carreras profesionales.
El Plan de Igualdad como herramienta de transformación
La igualdad efectiva requiere pasar de las declaraciones generales a medidas concretas. Un Plan de Igualdad permite estudiar aspectos como la composición de la plantilla, la contratación, la promoción profesional, la formación, las condiciones laborales, la retribución, la conciliación o la prevención del acoso.
Este análisis facilita que la empresa conozca dónde se encuentran las posibles desigualdades y pueda establecer medidas específicas, responsables, indicadores y sistemas de seguimiento. De esta forma, la igualdad deja de ser únicamente un principio y se convierte en una política integrada en la gestión de la organización.
Además, una adecuada política de igualdad puede contribuir a mejorar el clima laboral, favorecer la retención del talento, reforzar la reputación corporativa y reducir determinados riesgos legales y organizativos.
Una oportunidad para empresas y para la economía
Los datos del VI Índice ClosinGap reflejan que España ha avanzado en materia de igualdad, pero también que el ritmo actual sigue siendo insuficiente. Al ritmo de evolución registrado, todavía serían necesarios 36 años para alcanzar la paridad de género.
Acelerar este proceso requiere la implicación de las administraciones, la sociedad y, especialmente, del tejido empresarial. Las organizaciones tienen capacidad para actuar directamente sobre aspectos como la contratación, la promoción, la retribución, la conciliación y las condiciones de trabajo.
Reducir las brechas de género significa, por tanto, avanzar hacia una sociedad más igualitaria, pero también aprovechar mejor el talento, aumentar la participación laboral y generar mejores condiciones para el crecimiento económico.
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Fuente: RTVE











