El incremento de los ataques informáticos, la sofisticación de las técnicas utilizadas por los ciberdelincuentes y la exposición de sistemas vulnerables están elevando los riesgos para organizaciones de todos los tamaños. Las pequeñas y medianas empresas, que no siempre cuentan con los mismos recursos que las grandes compañías, también se encuentran en el punto de mira.
Según los datos recogidos por La Razón, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) gestionó 122.223 incidentes de ciberseguridad durante 2025, un 26 % más que el año anterior. A esta cifra se suman los 237.028 sistemas vulnerables detectados por el organismo, un indicador de la cantidad de equipos y servicios que podrían ser aprovechados para acceder a información o comprometer infraestructuras.
Este escenario plantea un desafío que va más allá de la tecnología. Las empresas necesitan identificar sus vulnerabilidades, establecer medidas preventivas y preparar una respuesta eficaz ante posibles incidentes. La seguridad digital debe formar parte de la gestión cotidiana del negocio.
El malware y el phishing, entre las principales amenazas
Los datos de INCIBE reflejan el peso de dos de las amenazas más habituales: el malware y el fraude online. Durante 2025, el organismo contabilizó 55.411 incidentes relacionados con software malicioso y 45.445 casos de fraude en línea. Dentro de este último grupo, el phishing continúa siendo una de las técnicas más utilizadas.
El malware engloba programas diseñados para dañar sistemas, acceder a información o ejecutar acciones sin autorización. Puede llegar a través de archivos adjuntos, descargas fraudulentas, aplicaciones comprometidas o vulnerabilidades en programas que no se han actualizado.
El phishing, por su parte, busca engañar a las personas mediante comunicaciones que imitan a entidades legítimas, como bancos, proveedores o administraciones públicas. El objetivo suele ser conseguir credenciales, datos personales o información financiera, aunque también puede servir como puerta de entrada a la red corporativa.
La inteligencia artificial está haciendo que estos engaños resulten más convincentes. Los mensajes fraudulentos pueden presentar una redacción correcta, adaptarse al contexto de la víctima y reproducir con mayor precisión el estilo de una comunicación legítima. Por ello, detectar errores ortográficos o mensajes mal redactados ya no es suficiente para identificar un intento de fraude.
Las pymes también están expuestas a los ciberataques
El tamaño de una empresa no determina necesariamente su nivel de exposición. Las pymes pueden gestionar información de clientes, datos de empleados, documentación financiera y accesos a plataformas de terceros, lo que las convierte en objetivos atractivos para los ciberdelincuentes.
Además, muchas organizaciones dependen de sistemas informáticos que no siempre se revisan con la frecuencia necesaria. Aplicaciones desactualizadas, contraseñas débiles, permisos excesivos o servicios que continúan activos pese a no utilizarse pueden abrir vías de acceso a los atacantes.
Uno de los escenarios más perjudiciales es el ransomware, un tipo de ataque que bloquea o cifra archivos y sistemas para exigir un rescate. Sus consecuencias pueden incluir la interrupción de la actividad, la pérdida de información, costes de recuperación y daños reputacionales.
A ello se añade el riesgo de que los datos sustraídos se publiquen o se utilicen para extorsionar a la organización. Cuando el incidente afecta a información personal, también pueden surgir obligaciones legales en materia de protección de datos, además de las consecuencias operativas y económicas.
Ciberseguridad empresarial: prevención, detección y respuesta
La prevención es esencial, pero no basta con instalar un antivirus o disponer de un cortafuegos. Una estrategia de ciberseguridad eficaz debe combinar medidas técnicas, procedimientos internos y formación de las personas que utilizan los sistemas.
Entre las actuaciones prioritarias se encuentra la revisión periódica de los equipos, aplicaciones y servicios expuestos a Internet. Mantener el software actualizado permite corregir vulnerabilidades conocidas que podrían ser utilizadas para acceder a los sistemas.
También resulta fundamental limitar los permisos de cada usuario a los estrictamente necesarios, activar la autenticación multifactor y segmentar la red para evitar que un acceso inicial permita comprometer toda la infraestructura. Estas medidas ayudan a reducir el alcance de un ataque y dificultan los movimientos de un intruso dentro de la organización.
Las copias de seguridad constituyen otra pieza esencial. Deben realizarse de forma periódica, mantenerse protegidas frente a posibles ataques y someterse a pruebas de restauración. Tener una copia no garantiza la recuperación si esta también queda comprometida o si no puede utilizarse cuando se necesita.
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Una revisión de los sistemas, los procedimientos y los riesgos puede ayudar a detectar puntos débiles antes de que se conviertan en un incidente.
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La inteligencia artificial acelera los ataques
La evolución de la inteligencia artificial está modificando tanto las herramientas de defensa como las capacidades de los ciberdelincuentes. Según los datos citados en la información de La Razón, los ataques basados en IA aumentaron un 89 %, mientras que el tiempo medio que necesita un atacante para desplazarse por una red tras conseguir acceso se redujo a 29 minutos.
Esta rapidez limita el margen de reacción de las empresas. Si una intrusión no se detecta a tiempo, el atacante puede intentar ampliar sus privilegios, acceder a información confidencial o comprometer otros equipos conectados.
Por este motivo, las organizaciones necesitan avanzar hacia modelos de protección que permitan detectar comportamientos anómalos y responder con rapidez. La monitorización, las herramientas de detección y respuesta en los dispositivos, la segmentación de redes y la gestión de accesos son medidas que contribuyen a contener posibles incidentes.
La incorporación de herramientas de inteligencia artificial en los procesos empresariales también requiere precauciones. Los sistemas automatizados deben contar con permisos limitados, controles adecuados y una supervisión proporcional a los riesgos. De lo contrario, pueden convertirse en una nueva vía de acceso a información sensible o en un punto débil de la infraestructura.
Ciberseguridad y protección de datos: dos ámbitos inseparables
Un ciberataque no afecta únicamente a la disponibilidad de los sistemas. Cuando implica el acceso, la alteración, la pérdida o la divulgación de datos personales, también puede constituir una violación de la seguridad de los datos personales.
El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) exige que las organizaciones apliquen medidas técnicas y organizativas apropiadas para garantizar un nivel de seguridad adecuado al riesgo. Esto implica valorar la naturaleza de la información tratada, las posibles consecuencias de un incidente y las medidas necesarias para prevenirlo.
En caso de producirse una brecha de datos personales, la empresa debe evaluar su alcance y determinar si existe obligación de notificarla a la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Cuando corresponda, la notificación debe realizarse sin dilación indebida y, de ser posible, dentro de las 72 horas siguientes a que se tenga constancia de la brecha. Si existe un alto riesgo para los derechos y libertades de las personas afectadas, también puede ser necesario comunicarles el incidente. En este artículo te explicamos que hacer en caso de sufrir una brecha de seguridad de datos personales.
La preparación previa resulta determinante. Disponer de un procedimiento de gestión de incidentes permite identificar a los responsables, preservar las evidencias, contener el ataque, valorar sus consecuencias y adoptar las medidas necesarias para recuperar la actividad.
Cómo preparar a tu empresa frente a las amenazas digitales
Ante el aumento de los ciberataques, las empresas deben adoptar una estrategia continuada que combine prevención, formación y capacidad de respuesta. No se trata únicamente de incorporar nuevas herramientas, sino de conocer los riesgos reales de la organización y establecer prioridades.
Una evaluación inicial permite identificar los sistemas más críticos, los datos que requieren mayor protección y las vulnerabilidades que necesitan una actuación inmediata. A partir de ese diagnóstico, es posible definir un plan de seguridad ajustado a los recursos y necesidades de la empresa.
La formación de la plantilla también debe ocupar un lugar central. Los empleados necesitan reconocer correos sospechosos, verificar solicitudes de pagos o cambios de cuenta bancaria y comunicar cualquier actividad inusual. Estas pautas reducen la probabilidad de que un engaño termine comprometiendo los sistemas corporativos.
Por último, conviene revisar periódicamente las medidas implantadas y comprobar que funcionan. La seguridad no es un estado permanente: las tecnologías, las amenazas y las necesidades del negocio cambian, por lo que los controles deben adaptarse a esa evolución.
Casos recientes como los ciberataques a Asos o el ciberataque a Renfe y Adif, hacen que proteger la empresa frente a cualquier incidencia sea vital para evitar daños en la reputación o fallos funcionales.
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Las cifras de incidentes registrados en España muestran que la ciberseguridad debe abordarse como una inversión estratégica. Una brecha puede comprometer la continuidad del negocio, generar pérdidas económicas y afectar a la confianza de clientes, empleados y proveedores.
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Fuente: La Razón: Los ciberataques marcan máximos históricos en España.










