En los últimos años, asistentes de voz como Alexa, Siri o el Asistente de Google han pasado de ser gadgets curiosos a compañeros habituales en miles de hogares. Con solo una frase como “Alexa, pon música” o “Ok Google, recuérdame la cita”, interactuamos con tecnologías potentes que, sin duda, facilitan nuestra vida… pero también generan dudas legítimas sobre nuestra privacidad.
¿Los asistentes escuchan todo lo que decimos?
Técnicamente, los asistentes están diseñados para estar “en espera”: sus micrófonos permanecen activos para reconocer cuándo se pronuncia la palabra clave que los activa, por ejemplo, “Alexa” o “Oye Siri”, pero no deberían grabar ni enviar nuestras conversaciones completas de forma continua.
Sin embargo, hay matices importantes:
Escucha pasiva vs. grabación activa: Mientras el dispositivo está en modo de espera, capta sonidos ambientales para detectar su frase de activación. Pero solo cuando reconoce esa frase se inicia la grabación y el envío a los servidores del fabricante para su procesamiento.
Activaciones involuntarias: No siempre estas tecnologías interpretan correctamente lo que escuchan; a veces un sonido similar, una conversación de fondo o incluso un programa de televisión pueden activar al asistente por error, capturando fragmentos de sonido que no estaban destinados a ello.
Revisión humana en algunos casos: En el pasado, grandes empresas tecnológicas como Google o Apple han admitido que ciertos fragmentos de audio fueron revisados por personas (por ejemplo, para mejorar la precisión del reconocimiento de voz), lo que abrió debates importantes sobre privacidad.
¿Hay datos sensibles almacenados?
Cuando hablamos con un asistente y este nos reconoce correctamente, ese fragmento de audio suele enviarse a la nube para interpretarse y responder a la orden. Esos clips pueden almacenarse en servidores del fabricante, y en algunos casos el usuario puede elegir si desea que se guarden o se borren.
Aunque los fabricantes suelen afirmar que estas grabaciones se utilizan únicamente para mejorar la calidad del servicio, la posibilidad de que terceros accedan a esos datos, por ejemplo, empleados revisando grabaciones para mejorar algoritmos o, en situaciones extremas, ciberatacantes explotando vulnerabilidades, es parte del debate actual sobre seguridad y privacidad.
Fuente: Incibe
Cómo proteger tu privacidad al usar asistentes virtuales
El uso de asistentes de voz no tiene por qué estar reñido con la protección de la privacidad. Con una configuración adecuada y ciertos hábitos de uso, es posible reducir significativamente los riesgos asociados al tratamiento de nuestras grabaciones de voz.
En primer lugar, es fundamental revisar la configuración de privacidad del dispositivo y de la cuenta asociada (Amazon, Google, Apple, etc.). Estos servicios permiten gestionar qué datos se almacenan, durante cuánto tiempo y con qué finalidad. En muchos casos, es posible desactivar el almacenamiento de grabaciones de voz o limitar su conservación automática.
También es recomendable eliminar periódicamente el historial de voz. Las plataformas ofrecen opciones para borrar manualmente las grabaciones o configurar su eliminación automática tras un periodo determinado. Esta práctica reduce la cantidad de información que permanece almacenada en los servidores del proveedor.
Otra medida eficaz es desactivar el micrófono del dispositivo cuando no se esté utilizando. La mayoría de los altavoces inteligentes y asistentes domésticos incorporan un botón físico que corta la captación de audio, lo que aporta una garantía adicional frente a activaciones accidentales.
Conviene además revisar las aplicaciones y servicios de terceros vinculados al asistente virtual. Algunas “skills” o integraciones pueden solicitar acceso a datos de voz o a información personal, por lo que es importante conceder únicamente los permisos estrictamente necesarios y eliminar aquellos que no se utilicen.
Por último, es buena práctica ubicar estos dispositivos en zonas comunes del hogar y evitar su colocación en espacios especialmente sensibles, como dormitorios o despachos donde puedan mantenerse conversaciones privadas o confidenciales.
Adoptar estas medidas no elimina completamente los riesgos, pero sí permite mantener un mayor control sobre la información que compartimos y sobre el uso que se hace de nuestras interacciones con estos dispositivos.
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