En la navegación cotidiana por Internet, las cookies desempeñan un papel esencial: permiten que los sitios web recuerden quién eres, mantengan tu sesión iniciada o adapten la experiencia en función de tus preferencias. Pero cuando estos pequeños fragmentos de datos son interceptados por actores maliciosos, pueden convertirse en la llave que permite la suplantación de identidad en línea.
¿Qué es el secuestro de cookies de sesión?
El secuestro de cookies de sesión es una técnica de ataque en la que un ciberdelincuente roba las cookies que identifican tu sesión en un sitio web. Estas cookies contienen datos que el servidor utiliza para reconocerte sin pedirte que vuelvas a escribir tu contraseña cada vez. Si un atacante accede a una de estas cookies, puede hacerse pasar por ti en ese servicio, con acceso potencial a información privada o acciones en tu nombre.
Este método es una forma particular de lo que en términos técnicos se conoce como session hijacking («secuestro de sesión»), un concepto ampliamente reconocido en seguridad informática.
¿Cómo pueden los atacantes robar tus cookies?
Existen varias técnicas que los ciberdelincuentes pueden emplear:
Ataques “hombre en el medio” (MitM): estos ataques interceptan la comunicación entre tu navegador y el servidor web, capturando las cookies mientras se envían. Esto es especialmente peligroso en conexiones no seguras o públicas.
Redes Wi-Fi inseguras o públicas: si te conectas a Internet a través de puntos de acceso poco protegidos, herramientas especializadas pueden “escuchar” tu tráfico y obtener las cookies de sesión.
Malware y software malicioso: programas dañinos instalados sin tu conocimiento pueden acceder a las cookies almacenadas directamente en tu dispositivo.
Cualquiera de estos métodos permite a un atacante suplantar tu identidad en servicios en línea sin necesidad de conocer tu contraseña, aprovechando que la sesión ya estaba iniciada.
Consecuencias de un secuestro de sesión
Cuando un atacante obtiene acceso a tus cookies de sesión, puede:
- Acceder a servicios en los que estás autenticado.
- Ver o modificar información personal.
- Realizar acciones en tu nombre (como cambios de configuración o transacciones en servicios que lo permitan).
En casos extremos, el acceso no autorizado puede desencadenar problemas de privacidad, pérdida de datos y riesgos de seguridad adicionales.
¿Cómo protegerte? Buenas prácticas de seguridad
Aunque las amenazas son reales, existen medidas eficaces para reducir el riesgo:
Utiliza conexiones seguras (HTTPS): asegúrate de que todos los sitios web que visitas cifran la comunicación entre el navegador y el servidor. Esto dificulta que los atacantes intercepten cookies en tránsito.
Evita redes Wi-Fi públicas o utiliza una VPN: una red privada virtual cifra todo tu tráfico, haciendo más difícil que terceros puedan “escuchar” tus datos incluso en redes abiertas.
Configura el navegador para borrar cookies al cerrar: muchos navegadores ofrecen opciones para eliminar automáticamente las cookies al terminar una sesión de navegación, reduciendo la ventana de oportunidad para un ataque.
Cierra sesiones cuando termines de usar un servicio y limita su duración: esto hace que una cookie robada tenga menos probabilidad de seguir siendo válida.
Activa mecanismos de seguridad adicional como autenticación de dos factores (2FA) donde esté disponible.
Qué hacer si crees que has sido víctima
Si notas actividad sospechosa en tus cuentas, como accesos desde ubicaciones desconocidas o cambios que no has realizado, es recomendable:
- Cambiar tus contraseñas de inmediato.
- Revisar y cerrar sesiones activas en los servicios afectados.
- Contactar con el soporte técnico de los servicios implicados para recibir ayuda adicional.
La seguridad de tus sesiones es tan importante como la de tus contraseñas. Comprender cómo operan ataques como el secuestro de cookies te permite adoptar mejores prácticas y mantener tus datos y tu identidad más seguros.
Fuente: Incibe
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