Hogar inteligente y ciberseguridad: riesgos de los dispositivos IoT y cómo protegerlos

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Cada vez son más los hogares que incorporan dispositivos conectados a Internet para facilitar las tareas cotidianas, mejorar la eficiencia energética o reforzar la seguridad. Asistentes de voz, cámaras de vigilancia, televisores inteligentes, termostatos, cerraduras, enchufes o electrodomésticos conectados forman parte de un ecosistema tecnológico que conocemos como Internet de las Cosas (IoT).

Esta conectividad aporta comodidad y nuevas funcionalidades, pero también introduce riesgos que no siempre son visibles para los usuarios. Muchos de estos dispositivos recopilan información sobre nuestros hábitos, ubicación, voz, imágenes o rutinas diarias y, si no están correctamente protegidos, pueden convertirse en una puerta de entrada para ataques o accesos no autorizados.

Por ello, la seguridad de un hogar inteligente no debería limitarse a proteger el router o el ordenador. Es necesario considerar todos los dispositivos conectados y los datos que generan, almacenan o transmiten.

¿Qué es el Internet de las Cosas o IoT?

El Internet de las Cosas hace referencia a los objetos físicos capaces de conectarse a Internet y comunicarse con otros dispositivos o servicios. A través de sensores y diferentes tecnologías de comunicación, estos equipos pueden recopilar información y ejecutar determinadas acciones de forma automática.

En un hogar podemos encontrar numerosos ejemplos:

  • Asistentes virtuales y altavoces inteligentes.
  • Cámaras de vigilancia conectadas.
  • Smart TV y videoconsolas.
  • Termostatos inteligentes.
  • Bombillas y enchufes conectados.
  • Cerraduras electrónicas.
  • Sensores de movimiento, temperatura o apertura.
  • Electrodomésticos conectados a Internet.
  • Sistemas de alarma y otros dispositivos de seguridad.

La interconexión permite, por ejemplo, encender la calefacción antes de llegar a casa, recibir una alerta cuando una cámara detecta movimiento o controlar determinados electrodomésticos desde el teléfono móvil.

Sin embargo, esa misma capacidad de recopilar información y permitir el control remoto hace que la seguridad y la privacidad deban formar parte de la configuración inicial de estos dispositivos.

¿Qué riesgos presenta un hogar inteligente?

La incorporación de dispositivos IoT amplía la superficie de ataque. Un equipo aparentemente inofensivo puede contener vulnerabilidades, utilizar credenciales débiles o dejar de recibir actualizaciones de seguridad.

1. Pérdida de privacidad

Uno de los principales riesgos está relacionado con la cantidad de información que pueden recopilar los dispositivos conectados.

Una cámara puede registrar imágenes del interior de una vivienda; un asistente de voz puede procesar comandos y conversaciones; un sistema de climatización puede conocer determinados hábitos y horarios; y determinados sensores pueden revelar cuándo hay personas en casa.

Si esta información se almacena o transmite sin las medidas de seguridad adecuadas, puede quedar expuesta a accesos no autorizados. Además, las aplicaciones asociadas a estos dispositivos pueden solicitar permisos que no sean estrictamente necesarios.

Por este motivo, es importante revisar qué información recopila cada dispositivo, para qué la utiliza y qué permisos tiene concedidos.

2. Control remoto no autorizado

Un dispositivo mal protegido puede ser utilizado por un tercero para acceder a determinadas funcionalidades.

Dependiendo del equipo comprometido, un atacante podría llegar a manipular cámaras, modificar configuraciones o controlar otros elementos conectados. En dispositivos relacionados con la seguridad del hogar, como cámaras, cerraduras o alarmas, las consecuencias pueden ser especialmente relevantes.

El problema puede agravarse cuando un atacante utiliza un dispositivo comprometido para obtener información sobre los hábitos de los habitantes de la vivienda.

3. Utilización de dispositivos en botnets

Los dispositivos IoT también pueden ser infectados con malware y convertirse en parte de una botnet, es decir, una red de equipos controlados remotamente por un atacante.

El propietario puede no detectar que su dispositivo está comprometido mientras este se utiliza para actividades maliciosas, como lanzar ataques contra otros sistemas, distribuir malware o enviar grandes cantidades de comunicaciones no deseadas.

4. Dispositivos sin actualizaciones

Las actualizaciones de software y firmware son fundamentales para corregir vulnerabilidades conocidas.

Uno de los problemas de algunos dispositivos IoT es que pueden dejar de recibir soporte después de unos años. Cuando esto ocurre, las vulnerabilidades que aparezcan posteriormente pueden permanecer sin corregir.

Por eso, antes de adquirir un dispositivo conectado conviene comprobar durante cuánto tiempo recibirá actualizaciones de seguridad y qué soporte proporciona el fabricante.

5. Un dispositivo puede comprometer a otros

El riesgo no afecta únicamente al dispositivo vulnerable.

En un hogar conectado, todos los equipos pueden compartir la misma red. Si uno de ellos es comprometido, podría convertirse en un punto de partida para intentar acceder a otros dispositivos conectados a esa red.

Por ejemplo, un dispositivo IoT con una configuración deficiente podría proporcionar a un atacante una vía adicional para intentar alcanzar ordenadores, teléfonos móviles, servidores domésticos o archivos personales.

6. Phishing e ingeniería social

Los ciberdelincuentes también pueden intentar acceder a las cuentas asociadas a los dispositivos mediante técnicas de ingeniería social.

Un correo electrónico que aparentemente procede del fabricante puede solicitar al usuario que actualice su cuenta, confirme sus credenciales o descargue una aplicación. Si el usuario cae en el engaño, el atacante podría obtener las credenciales necesarias para controlar determinados servicios.

La seguridad del hogar inteligente depende, por tanto, tanto de la tecnología como de los hábitos de seguridad de sus usuarios.

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¿Cómo proteger un hogar inteligente?

No es necesario renunciar a las ventajas del IoT para mejorar la seguridad. Una serie de medidas relativamente sencillas puede reducir considerablemente los riesgos.

Cambiar las contraseñas predeterminadas

Las credenciales que vienen de fábrica nunca deberían mantenerse si pueden modificarse.

Utiliza contraseñas largas, robustas y diferentes para cada cuenta o dispositivo. Cuando el fabricante lo permita, también es recomendable utilizar métodos de autenticación más seguros, como las passkeys.

Un gestor de contraseñas puede facilitar la gestión de credenciales únicas sin necesidad de memorizarlas todas.

Mantener actualizado el firmware

Comprueba periódicamente si existen actualizaciones para los dispositivos conectados y activa las actualizaciones automáticas cuando esta opción esté disponible.

También es recomendable revisar si el fabricante continúa proporcionando soporte de seguridad. Un dispositivo que ya no recibe actualizaciones puede representar un riesgo creciente.

Crear una red Wi-Fi específica para dispositivos IoT

Una de las medidas más interesantes para mejorar la seguridad consiste en separar los dispositivos inteligentes de los equipos que contienen información personal o profesional.

Muchos routers permiten crear redes Wi-Fi independientes o redes para invitados. Utilizar una red específica para dispositivos IoT puede limitar el impacto de una eventual intrusión.

De esta forma, si una bombilla, cámara o electrodoméstico conectado resulta comprometido, el atacante tendrá mayores dificultades para acceder directamente a ordenadores o archivos almacenados en otra red.

Desactivar funciones que no sean necesarias

No todas las funcionalidades de un dispositivo tienen que estar activadas.

Si un equipo dispone de micrófono, cámara, geolocalización o acceso remoto y estas funciones no son necesarias, puede ser recomendable desactivarlas.

Reducir las funcionalidades innecesarias también permite disminuir la superficie de ataque.

Activar la autenticación multifactor

Cuando una aplicación o servicio asociado a un dispositivo IoT permite utilizar autenticación multifactor, es recomendable activarla.

De esta forma, el robo de una contraseña no será suficiente, por sí solo, para acceder a la cuenta.

Revisar los permisos y la configuración de privacidad

Antes de aceptar todos los permisos solicitados por una aplicación, conviene comprobar qué necesita realmente para funcionar.

Revisa periódicamente el acceso a:

  • Micrófono.
  • Cámara.
  • Ubicación.
  • Contactos.
  • Archivos.
  • Datos de uso.
  • Información de la cuenta.

La configuración de privacidad debería responder a una necesidad concreta y no mantenerse por defecto simplemente porque así lo estableció el fabricante.

Elegir fabricantes que proporcionen soporte

El precio no debería ser el único criterio al adquirir un dispositivo conectado.

Es recomendable valorar si el fabricante ofrece actualizaciones de seguridad, soporte técnico, información clara sobre privacidad y mecanismos adecuados de protección de las cuentas.

También puede resultar útil comprobar la reputación del fabricante y la existencia de vulnerabilidades conocidas antes de realizar la compra.

Eliminar correctamente los dispositivos que ya no utilizamos

Vender, regalar o tirar un dispositivo IoT sin restablecerlo previamente puede dejar información personal accesible para terceros.

Antes de deshacerse de él, conviene eliminar las cuentas asociadas, borrar los datos y restaurar la configuración de fábrica siguiendo las indicaciones del fabricante.

Desconectar los dispositivos que ya no sean necesarios

Un dispositivo que permanece conectado aunque ya no se utilice sigue representando una posible superficie de ataque.

Si un equipo ha dejado de utilizarse o ya no recibe actualizaciones de seguridad, lo más recomendable es desconectarlo de la red y valorar su sustitución.

IoT, privacidad y protección de datos

La ciberseguridad y la privacidad están cada vez más vinculadas. En un hogar inteligente, muchos dispositivos procesan información que puede revelar aspectos muy concretos de la vida de las personas.

Por ello, no se trata únicamente de evitar que un ciberdelincuente controle una cámara o acceda a un dispositivo. También es necesario preguntarse qué datos se están recopilando, quién puede acceder a ellos, durante cuánto tiempo se conservan y con qué finalidad se utilizan.

La proliferación del IoT demuestra que la transformación digital no termina en ordenadores y teléfonos móviles. Cada nuevo dispositivo conectado puede convertirse en un nuevo punto que debe protegerse.

Cuantos más dispositivos conectados requieren más seguridad

El hogar inteligente ofrece importantes ventajas, pero la comodidad no debería llevarnos a ignorar los riesgos asociados a la conectividad.

Cambiar las contraseñas predeterminadas, mantener actualizado el software, segmentar la red, activar la autenticación multifactor, revisar los permisos y desconectar los dispositivos que ya no utilizamos son medidas sencillas que pueden marcar una diferencia importante.

La recomendación fundamental es adoptar una visión global: cada dispositivo conectado forma parte de nuestro entorno digital y, por tanto, debe gestionarse también desde una perspectiva de seguridad y privacidad.

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