Qué hacer si eres víctima de un deepfake: guía para proteger tu imagen y tus derechos

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Imagen de Magnific

La inteligencia artificial ha abierto enormes posibilidades para empresas y particulares, pero también ha dado lugar a nuevas amenazas digitales. Una de las más preocupantes es la proliferación de los deepfakes, contenidos manipulados mediante IA capaces de recrear imágenes, vídeos o audios falsos con un nivel de realismo cada vez mayor.

Los casos recientes de difusión de imágenes íntimas falsas generadas mediante inteligencia artificial han vuelto a poner el foco sobre una realidad que afecta a la privacidad, la reputación y los derechos fundamentales de las personas. En España, varias mujeres han denunciado recientemente la circulación de fotografías falsas de desnudos creadas con IA y difundidas sin su consentimiento, un fenómeno que demuestra que cualquier persona puede convertirse en víctima de este tipo de fraude digital.

¿Qué es un deepfake y por qué supone un riesgo?

Un deepfake es un contenido audiovisual manipulado mediante algoritmos de inteligencia artificial que permite alterar la apariencia, la voz o los gestos de una persona para hacer creer que ha realizado acciones o pronunciado palabras que nunca ocurrieron.

Aunque esta tecnología puede tener usos legítimos en ámbitos como el entretenimiento o la producción audiovisual, también se emplea para la suplantación de identidad, la difusión de contenido íntimo falso, la desinformación o incluso las estafas económicas.

El problema es que el daño suele producirse mucho antes de que pueda demostrarse que el contenido es falso. La viralidad de las redes sociales puede extender una imagen o vídeo manipulado en cuestión de minutos, afectando gravemente a la reputación de la víctima.

Cómo identificar que has sido víctima de un deepfake

En muchos casos, la persona afectada descubre la existencia del contenido a través de amigos, familiares o compañeros de trabajo. Otras veces aparece durante una búsqueda en internet o en redes sociales.

Algunas señales de alerta incluyen:

  • Fotografías o vídeos donde aparece tu rostro sobre cuerpos o situaciones que nunca han existido.
  • Audios que imitan tu voz para realizar llamadas o enviar mensajes.
  • Publicaciones en redes sociales que utilizan tu imagen para difundir información falsa.
  • Contenido íntimo o sexual generado artificialmente a partir de fotografías reales.

Ante cualquier sospecha, es importante no minimizar la situación. Incluso si el contenido es claramente falso para quien te conoce, puede generar un importante perjuicio personal, profesional o emocional.

Actúa con rapidez: recopila pruebas

Uno de los errores más frecuentes es intentar eliminar inmediatamente el contenido sin conservar evidencias.

Antes de iniciar cualquier reclamación conviene recopilar toda la información posible:

  • Capturas de pantalla.
  • Enlaces a publicaciones, perfiles o páginas web.
  • Fechas y horas de publicación.
  • Datos de usuarios que hayan difundido el contenido.
  • Mensajes o conversaciones relacionadas.

Esta documentación será fundamental para presentar una denuncia y acreditar los hechos ante las autoridades o los responsables de las plataformas digitales.

Solicita la retirada del contenido

La mayoría de redes sociales y plataformas digitales cuentan con mecanismos específicos para denunciar contenido manipulado, suplantaciones de identidad o vulneraciones del derecho a la propia imagen.

Cuanto antes se solicite la retirada, mayores serán las posibilidades de limitar la difusión. También puede ser necesario contactar con motores de búsqueda para solicitar la desindexación de determinadas páginas cuando el contenido ya se haya extendido por internet.

La rapidez resulta especialmente importante cuando el deepfake contiene imágenes íntimas o información que pueda causar daños reputacionales.

Presenta una denuncia

La creación y difusión de un deepfake puede implicar diferentes infracciones legales dependiendo de las circunstancias concretas del caso.

Cuando existe una vulneración de la intimidad, del derecho a la propia imagen o una suplantación de identidad, es recomendable acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para presentar una denuncia formal. En los casos más graves también pueden concurrir delitos relacionados con el acoso, las amenazas, la extorsión o la difusión no consentida de contenido sexual.

Además, la investigación de este tipo de hechos suele requerir análisis técnicos especializados que permitan identificar a los responsables de la creación o distribución del contenido.

La protección de datos también puede verse afectada

Desde la perspectiva de la protección de datos, los deepfakes pueden implicar el tratamiento ilícito de datos personales, especialmente cuando se utilizan fotografías, vídeos o grabaciones de voz de una persona sin su consentimiento.

La imagen y la voz son datos personales cuando permiten identificar a una persona. Por ello, el uso de estos elementos para generar contenidos falsos puede vulnerar la normativa de protección de datos y dar lugar a reclamaciones ante la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), además de las acciones civiles o penales que correspondan.

Consecuencias de crear o difundir deepfakes en el ámbito empresarial

Las consecuencias de crear o difundir deepfakes no se limitan al ámbito penal. Aunque una condena judicial puede derivar en multas o indemnizaciones cuya cuantía dependerá de las circunstancias del caso y de la valoración del daño causado, la vía administrativa puede resultar mucho más gravosa.

Cuando existe un tratamiento ilícito de datos personales o una vulneración de derechos relacionados con la imagen y la privacidad, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) puede imponer sanciones de hasta 20 millones de euros o el 4% de la facturación anual global de una empresa.

Además, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial establece multas que pueden alcanzar los 35 millones de euros o el 7% del volumen de negocio mundial en los casos más graves, así como sanciones de hasta 15 millones de euros o el 3% de la facturación por incumplimientos relacionados con las obligaciones de transparencia sobre contenidos generados o manipulados mediante inteligencia artificial.

Estas cifras reflejan la creciente preocupación de las autoridades por el uso indebido de esta tecnología y la necesidad de que tanto particulares como organizaciones actúen con responsabilidad.

El impacto psicológico de los deepfakes

Más allá de las consecuencias legales, muchas víctimas experimentan ansiedad, estrés, vergüenza o miedo debido a la difusión del contenido manipulado.

Cuando la situación genera un impacto emocional significativo, es importante buscar apoyo profesional y contar con asesoramiento especializado. La sensación de pérdida de control sobre la propia imagen puede resultar especialmente difícil de gestionar cuando el contenido se comparte de forma masiva.

Por este motivo, la respuesta frente a un deepfake no debe centrarse únicamente en los aspectos tecnológicos o jurídicos, sino también en el bienestar de la persona afectada.

La prevención es la mejor defensa

Aunque ninguna medida garantiza una protección absoluta, reducir la exposición pública de imágenes personales, revisar la configuración de privacidad de las redes sociales y mantener una vigilancia activa sobre la presencia digital puede ayudar a minimizar riesgos.

También resulta fundamental fomentar la educación digital y la concienciación sobre los peligros asociados al uso malicioso de la inteligencia artificial. La tecnología seguirá evolucionando, pero también deben hacerlo las medidas de protección de los ciudadanos.

Los deepfakes han pasado de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en una amenaza real para la privacidad, la reputación y la seguridad de las personas. Si descubres que tu imagen, tu voz o tus datos han sido utilizados para crear contenido falso, actuar con rapidez es esencial.

Conservar pruebas, solicitar la retirada del contenido, denunciar los hechos y buscar asesoramiento especializado son los primeros pasos para limitar el daño y defender tus derechos. En un entorno digital cada vez más complejo, la protección de la identidad digital se ha convertido en una necesidad imprescindible para particulares y organizaciones.

Los deepfakes también son una amenaza para las empresas

Aunque gran parte de la atención mediática se centra en los deepfakes que afectan a particulares, las organizaciones también se han convertido en un objetivo prioritario para los ciberdelincuentes. Actualmente existen casos documentados de fraudes en los que se utilizan audios o vídeos generados mediante inteligencia artificial para suplantar la identidad de directivos, responsables financieros o proveedores con el objetivo de autorizar transferencias bancarias, solicitar información confidencial o manipular procesos internos.

La creciente capacidad de la IA para imitar voces, expresiones faciales e incluso videollamadas en tiempo real dificulta que los empleados puedan distinguir una comunicación legítima de una fraudulenta. Por este motivo, las empresas deben complementar las medidas tecnológicas con protocolos de verificación, formación en ciberseguridad y procedimientos de validación para operaciones sensibles. La concienciación de los trabajadores se ha convertido en una de las principales líneas de defensa frente a este tipo de amenazas basadas en la ingeniería social.

Protege tu organización frente a los riesgos de los deepfakes

Los deepfakes son una muestra más de cómo las amenazas digitales evolucionan constantemente y exigen un enfoque integral de la seguridad de la información. Implantar un sistema de gestión basado en la ISO 27001 o cumplir con los requisitos del Esquema Nacional de Seguridad (ENS) permite a las organizaciones establecer controles, procedimientos y medidas de protección que reducen significativamente el riesgo de fraudes por suplantación de identidad, fugas de información y ataques de ingeniería social.

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Fuente: FarodeVigo

 

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